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UN HOMBRE EN DECONSTRUCCION

septiembre 05, 2020 9 minutos de lectura

                Últimamente he estado pensando mucho en relación a las distintas situaciones que estamos enfrentando como sociedad. Son muchas las aristas que podría abarcar, desde, por ejemplo, la urgencia que demanda el cambio climático en materia de políticas públicas, o la crisis política que ha tomado especial relevancia desde octubre del año pasado. Pero hay un área en particular que creo que es sumamente importante abordar en este momento, y es la fuerte influencia que ejerce el patriarcado en nuestra cultura, instituciones, grupos e individuos. No hay que ser un genio para saber que esta influencia no es algo novedoso, más bien es una manera de funcionar que ha estado anclada en las sociedades humanas por cientos (incluso miles) de años, y mi intención tampoco es hablar de su origen ya que, como postulan algunos teóricos de la psicología, la mantención de un problema no está necesariamente ligada a su origen, más bien a las pautas, ya sean culturales, conductuales, cognitivas o afectivas, que mantienen dicho problema. También tengo que ser humilde y mencionar que lo que diré a continuación está lejos de ser una verdad absoluta. Hay gente mucho más informada, capaz, y brillante que yo que poseen muchas más respuestas en relación a la influencia del patriarcado en nuestro diario vivir. Lo que haré no es nada más que una reflexión, desde mis conocimientos como también mi experiencia personal como hombre cis hetero que ha vivido e incluso perpetuado pautas del patriarcado, respecto al rol que tenemos las personas como individuos en la mantención de este sistema de creencias y conductas. 

            Para empezar, tenemos que tener presente que el patriarcado es una forma en la que funcionan las sociedades, pero a nivel individual podría traducirse a una forma de ser en el mundo, la cual habla de cómo nos relacionamos con los otros, con nosotros mismos, y con el mundo en general. Se le puede entender como un sistema de creencias, entendiendo que las creencias son ideas o representaciones que nos hemos formado sobre determinados aspectos de la realidad. Y esto último pasa a ser muy importante, el concepto de creencias. Bajo esta lógica, el patriarcado, en base a determinadas creencias a la base, hace que entendamos las cosas de una determinada forma. Es como cuando nos ponemos unos lentes de sol y tiñen todo lo que vemos. El patriarcado tiñe nuestra forma de ver y experimentar la realidad. Pero entonces surge la pregunta, ¿En qué momento me puse estos lentes? Para responder lo anterior, distintas disciplinas han hecho múltiples hipótesis, pero hay una en particular proveniente de los sociólogos Peter L. Berger y Thomas Luckmann que me hace mucho sentido, quienes hablan de la internalización de la realidad mediante la socialización primaria y secundaria

                 De cierta manera ellos plantean que nosotros, cuando estamos en estados muy tempranos de nuestro desarrollo, en otras palabras, cuando somos pequeños, integramos a nuestro ser creencias, conductas, valores, ideologías, conocimientos, etc. Se podría decir que nos enseñan cómo funciona el mundo, y nosotros absorbemos esas enseñanzas como esponjas. Usualmente los que poseen la mayor influencia en este proceso es la familia nuclear, pero no hay que olvidar que la familia está inserta en una sociedad, por lo que lo más probable es que los patrones que una determinada sociedad valora y perpetua serán los que uno integre. Esta sería la socialización primaria, en la cual, me atrevo a decir, uno toma un rol un tanto más pasivo. Luego vendría la socialización secundaria, la cual generalmente empieza a ocurrir en la adolescencia, y es cuando uno empieza a cuestionar y/o expandir su marco de creencias, conductas, valores, ideologías, conocimientos, etc. Va de la mano con el momento del desarrollo en el que uno empieza lentamente a independizarse de su familia nuclear y, por ende, su forma de ver el mundo empieza a expandirse. Ahora, cabe recalcar que la socialización secundaria no necesariamente difiere de la primaria, más bien puede llegar a ser diferente en una mayor o menor medida, y ahí entra en juego qué tanto uno se diferencia de su familia y/o grupo de origen y las enseñanzas que uno ha integrado en los primeros momentos de su vida. Asimismo, es importante mencionar que el proceso de la socialización secundaria puede llegar a ser complejo, ya que implica incorporar creencias que son ajenas a ti, y usualmente cuando uno se encuentra con creencias que difieren de las que uno posee, uno suele catalogarlas como erróneas o negativas. Es por esto que es difícil expandir nuestro marco de creencias, ya que uno suele asumir que lo que uno cree es lo correcto y lo ajeno no, cosa que no es necesariamente correcto.

             A mí me hace sentido ver la socialización primaria como los pilares principales de una casa los cuales, en un inicio, permiten la construcción de esta, y la socialización secundaria vendría a ser todo lo que se va agregando a continuación sobre dichos pilares. Este ejemplo ilustra un aspecto muy importante, y es la potente huella que deja la socialización primaria en nosotros. Se puede decir que es una base que de una u otro manera nos acompañará toda nuestra vida.

             A modo de ejemplo, contaré una experiencia personal que siempre me hizo mucho sentido visto desde esta teoría. Hace unos años estaba subiéndome al metro. No había tanta gente así que logré encontrar un asiento vacío, me senté y empecé a leer un libro que traía en mi mochila. En la siguiente parada recuerdo que delante mío se sentaron dos mujeres. Por curiosidad dejé de leer y las miré rápidamente. Cuando lo hice noté que una de ellas tenía las piernas muy peludas. Mi primer pensamiento habrá sido algo como “Puta que raro, una mujer con las piernas peludas”, pero rápidamente me vino un segundo pensamiento “Ah, wea de ella si se depila o no”. Después de eso continué leyendo. 

            Me gusta este ejemplo porque refleja un aspecto fundamental al momento de entender la socialización primaria y la secundaria. La primaria, casi de manera instintiva, usualmente es la primera en aparecer, y la secundaria le precede. Como yo, al igual que la gran mayoría de las personas, crecí en un mundo machista en el cual tanto las creencias colectivas, la publicidad, las películas, etc, te enseñan, entre otras cosas, que las mujeres siempre deben estar depiladas, mi proceso mental instintivo fue pensar que era muy raro que una mujer tuviera las piernas peludas, que ello no era como debían ser las cosas, pero un segundo análisis, fruto de consumir información distinta a la que siempre había recibido y juntarme con personas que poseen otra forma de ver el mundo (hablaré de estos dos aspectos en breve), me hizo pensar que la verdad es cosa de cada uno si se deja o no los vellos corporales. Dicho de otra forma, me surgió una primera forma de ver ese suceso, el cual va ligado a mi aprendizaje inicial, y luego vino otra forma de ver el fenómeno, gracias a una nueva forma de pensar y concebir el mundo que he ido desarrollando a medida que me he ido aproximando más a la adultez. Todo esto en cuestión de segundos. 

            Freud, si no me equivoco, en algún momento de su vida habló de algo similar, dándole el nombre de procesamiento primario y secundario, aludiendo a que el primero corresponde a un impulso o aspectos instintivo que surge de manera inicial ante un fenómeno, pero que luego viene una segunda forma de procesar dicho fenómeno que surge en base a los aprendizajes y transformaciones que uno va incorporando a medida que crece. Muchos teóricos de la psicología han mencionado cosas similares que, al igual que Berger y Luckmann, aluden a que tenemos una primera aproximación hacia las cosas y le sigue una segunda, siendo la primera propia de nuestra enseñanza primaria o aspectos que surgen de manera más instintiva, y la segunda a aspectos ligados a los aprendizajes que uno incorpora mientras se desarrolla como persona. 

            Bajo esta lógica, uno podría caer en un pesimismo y decir que estamos condenados a cargar con los patrones machistas que hemos incorporado en nuestra infancia y niñez, y, por tanto, somos esclavos de nuestro pasado. Ante eso, yo soy un tanto más optimista. Como lo menciona un personaje de la serie Dark de Netflix, “El pasado es el pasado, pero tú vives aquí y ahora, ¿Quién sabe qué deparará el futuro?”, me gusta esta frase ya que da cuenta de que el pasado ya no está en nuestro control, lo que nos enseñaron y aprendimos en etapas tempranas de nuestra vida no podemos cambiarlo, y los errores que cometemos en base a estos tampoco, pero de lo que sí tenemos control es del presente, y mediante este podemos influir en el futuro. La socialización primaria ya no la podemos cambiar, pero el ser humano tiene la infinita capacidad de aprender y modificarse, de eso sí que tenemos control. Al final, controlamos qué cosas vamos incorporando y qué cosas vamos modificando, en otras palabras, nosotros sí podemos controlar la socialización secundaria. Por supuesto, como mencioné anteriormente, aprender cosas nuevas no siempre es fácil, más aún cuando va en contra de todo un sistema de creencias que nos sostuvo por tanto tiempo, y en el cual creímos, pero no es imposible. No tiene que ser de la mañana a la noche, más bien es un proceso, pero si uno tiene la voluntad y busca aprender y expandir su forma de ver el mundo, de relacionarse con los otros y con uno mismo, las cosas pueden cambiar para mejor. 

            Antes, hablando del ejemplo del metro, hablé brevemente sobre la influencia que tenía en mi socialización secundaria, por una parte, el haber consumido información diferente a la que en el pasado he incorporado en mi ser y, por otra parte, el juntarme con personas con visiones diferentes a las mías. Estos aspectos, a mi parecer, son importantísimos si queremos ir transformando la manera en la que concebimos el mundo, cómo nos comportamos, cómo nos relacionamos con los otros y con nosotros mismos. Si quieres cambiar tu forma de ser pero sigues consumiendo la misma información y no te aventuras a indagar y/o aprender cosas nuevas, es difícil que efectivamente logres un cambio. Asimismo, creo que para lograr lo anterior es vital aventurarse a reunirse, interactuar y dialogar con gente diferente a uno y los círculos que usualmente frecuenta. Para expandir tu forma de ver las cosas no solo necesitas información nueva, también ayuda interactuar con personas diferentes, ya que ellos pueden aportar una tonelada de conocimiento que, quizás si no convivieras con ellos, sería mucho más difícil incorporar. En mi caso, mi carrera es una en la que en particular hay mucha presencia femenina, tanto en los y las estudiantes como en los miembros que componen la facultad. Creo, sin duda alguna, que interactuar, dialogar y convivir con mujeres ha ampliado mi forma de ver las cosas y ha contribuido a que vaya transformando conductas, pensamientos y patrones machistas. En este sentido, creo que es muy importante que nosotros los hombres estemos abiertos a interactuar con mujeres, dialogar con ellas, e intentar comprender sus puntos de vista. Ello va a permitir que expandamos nuestra forma de ver el mundo y, me atrevo a decir, que puede llegar a fomentar el cambio. 

            Ya para ir cerrando, creo que para poder erradicar al patriarcado los hombres tenemos un rol muy importante que cumplir. Esta no es solo una lucha de las mujeres, es una lucha en la cual tenemos que comprometernos todos, entendiendo que las que más han sufrido de manera histórica son ellas. Nosotros tenemos un rol que emplear, solo que menos protagónico, pero no por ello menos importante. Por lo mismo creo que es importante que consumamos contenido de las activistas feministas, escuchemos, dialoguemos, leamos, observemos, y actuemos cuando es necesario. Tengamos la voluntad de cambiar a nivel individual y no nos restemos del cambio, siempre teniendo en cuenta cual es nuestro lugar dentro de este. Como mencioné al inicio, hay gente mucho más capacitada e informada que yo respecto a esta temática, las autoras Nuria Varela, Laura Bates o Virginie Despentes, son algunos de cientos de ejemplos de autoras que abordan esta temática. Hay muchas organizaciones y profesionales que poseen espacios en los cuales divulgan mucha información que es sumamente enriquecedora. Activistas como Camila Gómez o Paz Tondró son excelentes exponentes que poseen redes sociales activas en las cuales divulgan mucha información demasiado buena, útil y necesaria.  Consumamos su contenido y démonos la oportunidad de aprender. Aceptemos que podemos ser ignorantes ante esta temática y abrámonos a la posibilidad de aprender y seguir creciendo. 

                Finalmente, quería mencionar que, para poder cambiar como sociedad, primero tenemos que cambiar a nivel individual. Como menciona J Cole, un rapero estadounidense que a mí me encanta, “La única y verdadera revolución ocurre dentro de ti”, y a mí me gusta mucho esa frase ya que coincide con algo que creo, y es que, para poder cambiar como sociedad, se necesitan miles de pequeños cambios individuales. Después de todo una playa no está compuesta porque sí, más bien es la suma de millones de granos de arena que cumplen su propósito para poder generar una costa. Por eso, es nuestra responsabilidad cumplir con nuestro granito de arena, por más insignificante que parezca, para poder construir un nuevo futuro.



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